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| El 18 de mayo de 2007 iniciaba un viaje a Marruecos, invitado por un galerista, para pintar en su casa de la playa de Sidi Moussa, una serie de cuadros para ser posteriormente expuestos en su galería de Casablanca. Esta es la relación epistolar que mantuve
durante más de tres meses con mis amigos, conocidos y gentes de
mal vivir. Me voy. Nos vemos dentro de algo más de tres meses Si mañana viajáis por el sur y
veis a un tipo dentro de un coche con todo tipo de bártulos, no
es un marroquí que vuelve a casa desde Alemania o desde cualquier
otro lugar de Europa, soy yo, que al igual que él, también
viajo a Marruecos, solo que por motivos algo distintos. Voy a preparar
una exposición, voy a pintar, aunque también aprovecharé
para mirar las estrellas, sentir el silencio, dejar mis huellas en algún
lugar del desierto y, si se empeñan, tomar té con menta.
Lo del cuscús lo dejo para la vuelta. P.D.: A la vuelta, justo el 1 de Septiembre a las 19,00 horas, tengo una exposición en la antigua Capilla del Hospital de Sant Sadurní d'Anoia. La exposición se titula "Santos y Mártires". La llevo preparando algo más de un año. Me gustaría reencontrarme con todos vosotros ese día, sobre todo si queréis ganaros el cielo...
Os envío algunas imágenes de la
obra que estoy pintando. P.D.: Mi nuevo número de teléfono
en Marruecos es el: FOTO 1:
"No sé que estoy haciendo aquí en Sidi Moussa a 1.800
Km de mi casa".
FOTO 2: "Je reste Ici, hablando con Alí, esperando a Said, dándole une cigarrete a Mohamed y soñando con la hija de Hassan" FOTO 3: "Mes amís les marorains" FOTO 4: "Bonne Nuit" FOTO 5: "Y'a de l'amour dans l'air" FOTO 6: Retratos de amigos
Hola a todos: P.D. Agradezco enormemente cualquier colaboración vuestra en orden a corregir las posibles faltas de ortografía que tuviera en el idioma francés con el que ahora escribo en mis cuadros. La semana pasada ya cometí un par de ellos, que he tenido que corregir, por lo que sí veis que esto ocurre, no dudéis en decírmelo. Me hacéis un gran favor, no tengo ni idea de francés, y Alí, el cocinero-jardinero, y ahora amigo, que me acompaña, aunque hace un gran esfuerzo, la verdad es que no siempre da en el clavo. Os adjunto también dos fotografías de sus dos últimos cuadros. FOTO
6: "Toutes les femmes aiment le Hammam".
Hola a todos: Ha estado Marta por aquí y he pasado unos
días muy agradables con ella. También ha estado pintando.
Os adjunto una imagen de una de las acuarelas que ha hecho. Se ha adaptado
perfectamente al tema de escorpiones, arañas, escarabajos, ciempiés
y todo tipo de fauna africana. El único bicho que nos ha tenido
un poco preocupados, porque ha estado especialmente activo, ha sido "María
Luisa", nombre que le hemos puesto a la serpiente que hay en el jardín
de la casa y que no hay forma de acabar con ella. Se escurre con una facilidad
que da miedo y no encuentro la manera de darle caza y meterla en la olla,
que la comida escasea. Como dicen los chinos "todo lo que se mueve
es comestible", siempre y cuando se deje coger, claro. * Si Dios quiere. (Como podéis ver mi nivel de árabe va en aumento). FOTO
9: "Gymnase"
Hola a todos: Como todo el mundo sabe, por estas tierras estuvieron
hace ya algún tiempo, entre otros, Matisse y Delacroix. El primero
pintó mas de sesenta piezas entre dibujos y lienzos, en donde alcazabas,
interiores, cafetines, etc., le ayudaron a descubrir una nueva visión
del mundo oriental exaltado hasta entonces. Con Delacroix, anterior a
Matisse pero igualmente influyente en pintores de su generación,
el tema preferido fue el de bodas y fiestas. Ninguno de ellos, al parecer,
tuvo que visitar al peluquero, y mucho menos al dentista. Y si lo hicieron,
no hay crónica que recoja tal hecho. Algo lamentable, pero así
son las cosas. P.D.: Os adjunto las fotografías de los
dos cuadros que he pintado para dar cumplido testimonio de lo que os cuento
"Chirurgien Dentiste" y
"Coiffure", ambos con unas dimensiones de 167
x 126 cm. FOTO
11: "Coiffure".
Hola a todos: P.D.: Todas las imágenes que os estoy
enviando, y alguna mas, las voy a colocar en la web. Podéis verlas
allí. FOTO
13: "Estuve dando un paseo por el port de Casablanca, escuchando
la música de Sam".
Hola a todos: La otra noche, en medio de una de esas interminables charlas que tenemos entre Alí y yo, o mejor, que él tiene, puesto que yo de francés ya sabéis que poco, Alí decidió enseñarme unas fotografías suyas. Era algo íntimo que quería mostrarme. No eran más de veinte. Quizás treinta. No había ni una mas, lo juro. Pues bien, mientras pasaban por mis manos esas fotografías, la mitad de ellas desenfocadas, hecha con una mala máquina que hacía que la mayoría de las veces se superpusieran una fotografía con otra, empecé a sentir algo de nostalgia. Alí me estaba mostrando su vida en cuatro malas fotos y yo no tenía nada que enseñarle. Viendo a su familia, empecé a echar de menos a la mía, ¿y sabéis a quienes empecé a echar de menos? ¡A mis abuelos! Los abuelos son las personas más importantes que uno tiene en su vida. Los padres son importantes, pero están siempre demasiado ocupados con sus problemas. Los abuelos no. Los abuelos tienen tiempo. Les sobra afecto. Dan la vida por sus nietos. Antes se les respetaba. Ahora no. Antes uno entraba en una casa y en el lugar principal del salón, uno se encontraba, presidiéndolo todo, a tamaño generalmente grande, la foto de los abuelos. Sin embargo, desgraciadamente, eso ya no se lleva. Hoy vas a una casa y lo que menos ves es la foto de los abuelos. Y eso, lo siento, tiene que cambiar. A partir de ahora quiero convertirme en un pintor de abuelos. Hay que reivindicar a nuestros abuelos, hay que ponerlos en el lugar que se merecen ¡Quiero convertirme en el pintor
de los abueletes! No todo puede ser cuerpos danone. Además,
a fin de cuentas no nos queda tanto tiempo para llegar a tan lamentable
situación por todo el mundo ignorada. O lo reivindicamos nosotros,
ahora que podemos, o nadie lo va a hacer por nosotros después.
He dicho. P.D. Los cuadros tienen unas dimensiones de 140 x 120 cada uno. Adjunto fotos ("Mis abuelos", "Los abuelos de mi mujer"). FOTO
15: "Mis abuelos".
Hola a todos: Supongo que ya sabéis, y si no os lo digo
yo, que en Marruecos es legal tener hasta cuatro mujeres. Eso se encargó
de recordárnoslo, hace unos doscientos años, el catalán
Alí Bey, que en sus crónicas a Godoy informaba que el sultán
del momento, un tal Muley Solimán, tenía considerables gastos
"a causa del gran número de sus mujeres e hijos. No puede
tener sino cuatro mujeres legítimas, además de las concubinas,
pero frecuentemente las repudia para tomar otras nuevas". Pues
bien, las cosas siguen siendo de ese modo. Ahora, como entonces, todo
el mundo puede tener hasta cuatro mujeres, pero una cosa es la ley y otra
muy distinta la realidad. Alí, el jardinero-cocinero que me cuida,
no tiene ninguna. A él le gustaría, pero no puede. Como
él dice, no gana lo suficiente para mantenerse el mismo, mucho
menos para mantener a una mujer. Así que para que Alí pueda
tener a cuatro mujeres, he decidido pintarlas. No ha sido tarea fácil,
pues para encontrar a alguien en Marruecos que tenga cuatro mujeres hace
falta tiempo y paciencia. Y yo no dispongo ni de lo uno ni de lo otro.
Pensando entonces en Ali Bey, me he dirigido directamente a la corte del
Sultán. He tenido que pasar un gran protocolo, del que omitiré
los detalles, pero finalmente he podido hacerlo. Ignoro como los grandes
pintores franceses del siglo XIX se introducían tan fácilmente
en un harén, a mí me ha costado lo mío, aunque la
experiencia ha valido la pena. P.D.: Los cuadros tienen unas dimensiones, cada uno, de 170x65. Ha sido un placer pintarlos y espero que el Sultán me invite de nuevo a su corte, para seguir experimentando. Alí también ha quedado contento pues durante unos días ha tenido a cuatro mujeres junto a su alcoba, y, como él dice, sin costarle un dirham. FOTO
17: "Odalisque de la serena y eterna poesía".
Hola a todos: Esta semana no he podido trabajar demasiado.
Por problemas varios, entre ellos uno de salud (tengo una bronquitis que
no hay manera de quitármela), otro de tiempo de permanencia en
el país (tenia que renovar el sello de entrada) y otro de preparar
la expo de septiembre en Sant Sadurni d’Anoia, he tenido que ir
a Barcelona. Han sido apenas 48 horas, pero entre preparar el viaje, volver,
etc., no he tenido tiempo de hacer prácticamente nada. Eso sí,
a la vuelta me he dirigido directamente al harén del Sultán
para continuar con el trabajo que dejé sin terminar. Allí
he preguntado por Salomé, una esclava judía que el Sultán
tiene a su servicio, para bailar, entre otros, la danza de los siete velos.
Me he llevado una sorpresa al no encontrarla. Al parecer Salomé
ha sido liberada y/o repudiada por el Sultán por lo que ha tenido
que marchar del palacio. Durante tres días la he estado buscando
por todo Casablanca y al final la he encontrado en un tugurio para turistas
a las afueras de la ciudad, en una zona próxima a la Corniche.
La pobre desgraciada me ha confesado que estaba harta de ser menospreciada
y que nada ha cambiado desde los tiempos de Ali Bey en que las judías
eran obligadas "a andar descalzas y a postrarse a los pies ricamente
adornados de negras horribles que disfrutan del amor brutal o de la confianza
de sus amos musulmanes"¹. He estado hablando con ella durante
un buen rato. Al final la he dejado bailando la danza en la que es toda
una especialista. Los turistas se agolpaban a su alrededor y yo, en un
momento dado, he tenido la sensación de que al final del baile
iba a pedir la cabeza de todos ellos como hiciera su homónima cuando
bailó para Herodes y pidió la cabeza del Bautista. Por si
me incluía a mí en su deseo, he decidido marchame antes
de que terminara. Me he perdido el final, pero creo que vale la pena conservar
la cabeza. 1. Alí Bey. Viajes por Marruecos. Cap. XV. Edición Salvador Barberá Fraguas. FOTO 21: "Odalisque rodeada de turistas a punto de quitarse el 7º velo".
Hola a todos: Dicen los franceses que en el Sáhara se siente "el bautismo de la soledad", es algo que señala Paul Bowles en su libro "Cabezas Verdes, Manos Azules" cuando dice que es "una sensación única que no tiene nada que ver con el sentimiento de estar solo, pues presupone una memoria. Aquí, en este paisaje completamente mineral, iluminado tanto por las estrellas como por las hogueras, incluso la memoria desaparece; no quedan nada más que la respiración y los latidos del corazón. Un extraño proceso de reintegración de uno mismo, que no tiene nada de agradable, comienza en vuestro interior, mientras se os da a elegir entre combatirlo y continuar siendo la persona que siempre habéis sido, o bien dejarlo en libertad. Nadie, después de algún tiempo en el Sahara, es nunca el mismo". Bien, os digo todo esto porque dentro de una semana me marcho al Sahara. Esto toca a su fin. Después de más de dos meses y medio en estas tierras, se aproxima el momento de marchar. Lo haré con Esther, mi mujer, y con mi hijo, que quiere conducir el coche. Se acaba de sacar el carnet de conducir, y pienso que en el Sahara, si le dejo el coche, es difícil que se tropiece con algo. Aunque nunca se sabe, es capaz de enterrarse con el coche en una duna y dentro de unos años, un turista americano nos compra a todos, coche incluido, para llevarnos fosilizados al Museo de Ciencias Naturales de New York. No estaría mal, a fin de cuentas sería una forma, como otra cualquiera, de estar cerca del MOMA. Aunque sinceramente, preferiría que fuera de otra manera. ¡Incha Allah! Mientras llega ese momento, yo tengo que seguir pintando, y para cumplir con los compromisos adquiridos, he vuelto a la corte del Sultán. Ya sabéis que me faltaban por pintar la "Odalisque de todos los Secretos del Harén" y la "Odalisque de los Placeres Ocultos del Sultán". La primera de ellas, la de los secretos, es aquella que según cuentan, informa al Sultán de todo lo que ocurre en el harén, aunque me temo que es el propio Sultán, que se disfraza de mujer para así saber, de primera mano, lo que se cuenta de él. Realmente nada he podido averiguar pues se tapaba la cara más que ninguna otra. No obstante accedió a ponerse conmigo un velo de color rojo, porque normalmente lo usa negro y sin transparencia alguna. La segunda de ellas, la "Odalisque de los Placeres Ocultos del Sultán", me ha dejado "out". Ya sabéis que cuando uno pinta un retrato, aparte de captar la psicología del personaje, tiene también que fijarse en los detalles de su fisonomía, pues solamente así, con el conocimiento completo de su anatomía, se puede, en algunos casos, no siempre, llegar a hacerse una idea, siquiera aproximada, del retrato de la persona. Pues eso es justo lo que he hecho. Quién de vosotros me conoce bien, sabe que soy un profesional. Me he fijado en toda su anatomía. Al principio me ha extrañado que estuviese completamente plana, pero después he pensado que no todas las mujeres están obsesionadas con la silicona y con el tamaño de las mamas. Es algo que ocurre en Europa, pero no necesariamente en Africa. Después me ha parecido raro que bajo el velo que le cubría la cara se transparentase una más que incipiente barba con su bigote correspondiente, pero lo he achacado pensando que al tratarse de una eslava era muy posible que esto fuera de lo más normal. Ya se sabe, en los países del este a la gente le crece el pelo que es una pasada. Durante el siglo pasado, sin ir mas lejos, gran cantidad de mujeres eslavas eran exhibidas en los circos como mujeres barbudas. Afortunadamente ese tipo de cosas se han acabado, ¿pero que ha ocurrido con ellas?. Pues nada, pienso que muchas se habrán instalado en los harenes, cubriéndose la cara, es decir, la barba, que ya nadie quiere ver. Ahora la moda es depilarse (visita mi Web http://www.eleazar.es/diosas/diosas05.html para que te hagas una idea de lo que te digo). Pues bien, lo que definitivamente me ha alejado de toda duda, que en ese momento, debo de admitirlo, tenía unas pocas, ha sido el considerable paquete que la Odalisque tenía en la entrepierna. A partir de ese momento, los dos, ella y yo, hemos continuado como si tal cosa. La Odalisque de vez en cuando se rascaba en la entrepierna, y yo, para no ser menos, hacía lo mismo con la mía. Supongo, que a estas alturas, os estaréis
preguntando por qué he titulado este e-mail con el título
de "Cinco mil grapas", pues bien, lo he hecho así porque
estas son justamente las grapas que he gastado en Marruecos. Un pintor,
aparte de pintar, se pasa la mayor parte del tiempo, entre otras miles
de cosas, clavando y desclavando grapas. Cuando llegué a Marruecos,
con mi grapadora que llevo a todas partes, se me estropeó nada
más clavar mi primera grapa. Se me puso una cara de gilipollas,
que si me veis os partís el pecho. Sin grapas no hay cuadros. Como
pude, me recompuse y estuve buscando una por toda la ciudad. Al final
resulta que te la venden hasta en un puesto de helados. Pero eso lo sabes
cuando llevas aquí un tiempo. En ese momento me entró el
canguele y a punto estuve de darme la vuelta. Afortunadamente no lo hice,
me compré una grapadora y un paquete especial con cinco mil grapas,
que han sido las que he gastado. No me ha sobrado ni una. Tampoco me han
faltado. Creo que he cumplido. P.D.: Alguno de vosotros, en realidad muchos, me habéis pedido que os enviara alguna fotografía del lugar en donde me encuentro. Ya sabéis, la casa y ese tipo de cosas. No lo he hecho hasta ahora por no disponer de cámara de fotos, pero prometo comprarme una la próxima semana y antes de marchar os enviaré las fotografías correspondientes. Ya sé que las de los cuadros os importan una mierda. FOTO
22: "Odalisque de todos los secretos del harén".
Hola a todos: Dice un viejo proverbio chino que la amistad que no se cuida dura menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Hay también un famoso comentario de Sir Arthur W. McDonald que en su libro, único por cierto, “Reflexiones en un día de juerga” * al hablar de la amistad dice que “Un amigo al que no se cuida es una oportunidad menos de salir de fiesta”. Si nos olvidamos de los proverbios chinos y de la elucubraciones de algunos ingleses, y nos fijamos, mal que nos pese, en nuestro refranero, estaría bien señalar aquel que dice “Si quieres un amigo para un rato, invítale a comer una mariscada, pero si lo quieres para toda la vida envíale un e-mail”. Os digo todo esto porque desde hace algún tiempo vengo observando como alguno de vosotros/as se está rajando, empiezo a no tener noticias vuestras. No sé si es porque estáis de vacaciones o a punto de iros, con la maleta esperando en la puerta. Lo ignoro. Además, me da lo mismo. Un amigo es un amigo y a un amigo no se le abandona por semejantes bagatelas. Salvo los incondicionales y algunos otros que se han apuntado a última hora, del resto “rien de rien”, o sea, “missing”, es decir, nada de nada. ¿Dónde cojones estáis? ¿Qué ha pasado con tantos años de sufrida relación? Yo no sé que pensáis vosotros pero yo os tengo en mi corazón. Sabéis, ya os lo dije al principio, que vuestro apoyo y vuestros ánimos han sido todo un estímulo para trabajar, ¿por qué entonces me abandonáis ahora que estamos llegando al final? ¿Qué he hecho yo, me pregunto, para merecer esto? ¡Dios mío! ¿Qué he hecho? ¿Acaso esperabais que os enviara un billete de avión de ida y vuelta? ¿Es que alguien esta dolido porque no le he llamado cada día a un precio de dos Euros el minuto? ¿O es la oportunidad que estabais esperando para decirme suavemente que mejor os borre de la lista? ¡Pues bien, tomo noto!. Al que no conteste le borro, le tacho, le pongo una equis. Que aún estoy en Marruecos, coño, que estoy solo, que necesito vuestro calor, vuestro cariño y vuestra entrega. Lo dicho, al que no conteste le pongo una cruz, una equis y una media luna cruzada e invertida, que es lo que los árabes utilizan por estas tierras para señalar a una persona “non grata”. Cuando me entere como lo hacen los chinos, os lo pongo también. Y en Cirílico ?, en Copto ? y en Arameo ? . ¡En todos los idiomas! Bien, me he quedado descansado. Es que hay amigos que de vez en cuando hay que darles un toque. Con el resto todo lo contrario, no los olvido en ningún momento. Prueba de ello es el cuadro que acabo de pintar, el último, el que recoge todo el sentimiento y entrega que les profeso. Le he titulado “Quiero un harén para mí y mis amiguetes” y tiene unas dimensiones de 200x130 cm. Esta claro que compartir un harén con los amiguetes no lo hace cualquiera, solo un amigo de verdad. Eso sí, quiero advertirles que el primero que escoge soy yo, para eso las he pintado, y que la gorda y a las que no se les ve el cuerpo, para ellos. Estamos dentro de la Ley. Cuatro para cada uno. Las mujeres os estaréis preguntando que
pasa con vosotras, que pienso compartir con vosotras, como podemos hacer
comunión con algo que nos una. La verdad es que es difícil,
porque aquí en Marruecos, ya lo sabéis, harenes masculinos
no los hay, así que lo único que se me ocurre son dos cosas:
la primera es que si queréis nos manifestamos en España,
en Marruecos lo veo difícil, para que el parlamento apruebe una
Ley de estas características. La segunda es que mientras esperamos
y por si no tenéis paciencia, si queréis, os invito a una
noche loca en el malecón de La Habana. El material lo pongo yo.
Tengo un montón de amigos, que son todos los que me van a contestar
a este e-mail. *Editorial Libros prohibidos difíciles de encontrar. Cap. II: La Borrachera del sábado. Pag. 24 FOTO 24: "Quiero tener un harén para mí y mis amiguetes".
Hola a todos: P.D: Junto a las treinta fotos de la casa, numeradas
para que podáis seguir la secuencia, os adjunto las fotografías
de mis dos últimos cuadros. En realidad los empecé apenas
llegar a la casa, pero se trata de ese tipo de cuadros que uno empieza
y no sabe como terminarlos. Ocurre de vez en cuando. No muy a menudo,
pero ocurre. Los artistas saben de lo que estoy hablando. No conozco a
ninguno que no tenga un par de cuadros en su estudio sin acabar. Y a mí
me ha ocurrido ahora, estando en Marruecos. Me los pensaba llevar de vuelta
para España, para seguir mirándolos allí y estudiar
la manera de acabarlos. Pero no ha hecho falta. Lo he hecho aquí.
El problema estaba en que no encontraba la frase. Tenía muy clara
la idea pero no encontraba la frase. No sé si lo sabéis,
pero para mí es muy importante, antes de ponerme a pintar, decidir
que es lo que quiero transmitir, y para ello, entre otras cosas y para
que quede claro, necesito la frase que, como un golpe seco, que diría
el poeta, dé sentido al cuadro. En esta ocasión pensé
que lo tenía claro, pero estaba equivocado. Os lo cuento. Cuatro
días antes de salir de Barcelona asistí en la Costa Brava
a la boda de unos amigos. Una ceremonia entrañable que recuerdo
con cariño, pero lo que más me llamó la atención
fueron los contrayentes pues las miradas y las sonrisas entre ellos me
transmitían una sana envidia que todo hombre y toda mujer tienen
que desear tener, estar enamorado. Así que con estas premisas empecé
el cuadro, pero no avanzaba precisamente por culpa de no tener claro que
frase iba a escribir. Sabía que quería pintar un cuadro
de un hombre y una mujer enamorados, pero me faltaba lo más importante,
la frase que le diera sentido y contenido a ese sentimiento. El que los
rostros de ellos estuvieran acabados, era lo menos importante. Me faltaba
la frase y mi error había consistido en que había empezado
el cuadro sin tenerla, pensando, grave error, en que en este caso era
suficiente con pintar el rostro de ellos. Ese era el problema. Aparentemente
sencillo, pero para mí infranqueable. Y el otro día, mientras
empezaba a embalar mis bártulos para marcharme, me senté
tranquilamente frente a los dos cuadros y empecé de nuevo a estudiar
la frase que tenía que haber estudiado desde el comienzo. Cuando
por fin me vino a la cabeza, el resto fue coser y cantar. Y es que el
acto de crear es eso. El tiempo de ejecutar, normalmente rápido
y el tiempo de pensar, necesariamente mas pausado. El cuadro tiene que
tener mucho tiempo de mirada, tiene que cocerse lentamente en nuestra
retina, solo así se empapa de nuestros sentimientos, solo así
llegamos a entenderlo y a saber que es lo que nos pide, que es lo que
le falta. FOTO
25A: "La Casa".
Hola a todos: Este es el e-mail número 13 que os envío. Algunos no tienen suerte ni para eso. Me refiero a Alí. Hablando con Ali. Podría ser el título de una novela, pero no lo es. En Marruecos hay pocas novelas que contar. Algunos podrían pensar lo contrario, pero estarían equivocados. Otros pensarían que el equivocado soy yo y a esos les diría que hablasen con Alí. Hoy me toca hablar de Alí. Hoy voy a dejar la poesía a un lado, voy a dejar que la imaginación y los pinceles descansen un poco y voy a ponerme otro traje de faena. Voy a hablaros de Alí. Me voy a extender un poco, espero que no sea demasiado. Solo lo justo. Se lo debo. Hace tiempo que quiero hacerlo, pero entre hablaros de mis cosas, de mi pintura, de las odaliscas y de todo un mundo, que de alguna manera me he fabricado a mi medida, no he dicho nada de él, y creo que se lo merece. Es lo justo. Este es mi último e-mail. Es para él. Cuando llegué a la casa, la primera sensación que tuve, es que la experiencia que iba a tener os la tenía que contar, la tenía que escribir. Alguno de vosotros, incluso, me animó a ello. Me propuse escribir una especie de diario en donde recogiera todas y cada una de las ricas y sin duda agradables conversaciones que iba a mantener con él. Alí se mostraba simpático, agradable y si se quiere, hasta un punto divertido. Basta escucharle cuando cuenta algo, con esa cadencia del que no tiene prisa sino todo lo contrario, todo el tiempo del mundo por delante, para darse cuenta que habías entrado en otra dimensión muy distinta. Si le preguntabas algo a Alí, te contestaba con todo lujo de detalles. A veces si no entendías algo, como por ejemplo si había dicho que tenía dos o tres hermanos, y cuantos de ellos eran hombres o mujeres, era mejor olvidarse de volverle a hacer la pregunta, porque empezaba de nuevo desde el principio. No se limitaba a decirte que tres eran mujeres y otros tres eran hombres, sino como si fueras un idiota rematado, o un tonto del culo con coeficiente intelectual de menos veinte, que para el caso es lo mismo, que Alí empezaba, desde el principio, a contarte la vida de sus hermanos, sus profesiones, si estaban casados o no, y todo el rollo que ya te había dicho media hora antes. Entonces no sabías que hacer, si partirte la caja, como diría mi hijo, o escucharle de nuevo, pacientemente, toda una explicación que en principio te importaba más bien poco, por no decir nada, pero que te ayudaba, de alguna manera, a comunicarte con alguien que estaba tan necesitado como tú, por poder hablar. Anécdotas de Alí podría contar varias, pero con el espacio que tengo, no nos olvidemos que esto es un e-mail, creo que basta con un par de ellas. La primera, y esta es la de cal, es que Alí, para mi sorpresa, es todo un gourmet, un entendido, un sibarita, solo que le faltan los medios aunque le sobren los conocimientos, que los tiene, y muchos. Le he visto, por ejemplo, cocinar el centollo, como si lo hiciera cada día, o hablar de las ostras o de cualquier simple verdura como el más afamado chef de nuestras cocinas. "Le qualité", como él dice juntando el pulgar y el índice mientras se los lleva a la garganta y los desliza por ella suavemente, en un gesto del más puro erotismo gastronómico, "Il y a des qualités..." Pero como todo el mundo, Alí también se equivoca. Una cosa es que sea un entendido, las verduras en Marruecos son de una excelente calidad, y otra es que acierte. Por ejemplo, el otro día empleó mas de quince minutos en escoger el melón que nos íbamos a comer. Me recordaba a mi padre cuando hacía lo mismo. Lo levantaba, lo sopesaba, lo tocaba, lo apretaba... en fin, ese tipo de cosas que uno hace cuando compra un melón, pero al final terminas mirando al dueño para que te indique, con un gesto, cual es el bueno, aunque no termines de fiarte de su opinión. Pues bien, cuando fui a pagarlo, el precio le pareció excesivo y decidió dejarlo. Tuve que insistir para podernos llevar el melón a casa, pero, y esto es lo que me provocó la risa, el melón estaba tan incomestible que tuvimos que dárselo a las gallinas y a los pavos, que dieron buena cuenta de él. C’est la vie. No siempre se acierta. Cuesta hacerlo. La segunda, llamémosle anécdota, que no lo es en absoluto, es algo más larga y no es tan divertida. Ya os lo he dicho, una de cal y otra de arena. Alí reflexiona. Lo que pasa es que lo hace demasiado y no hay conversación que inicies con él en donde no la comience con esta expresión, "Je réfléchi". La he escuchado más de un millón de veces. Casi se diría que es la única que he aprendido del francés, je réfléchi. Cuando Alí comenzaba así para explicarte algo, ya podías buscar un lugar en donde ponerte cómodo, pues la cosa iba para largo. Je réfléchi. Al principio pensaba que era el inicio de una auténtica reflexión que conducía a algún tipo de resultado, pero con el tiempo me di cuenta, que se trataba una y otra vez de explicarte la misma historia, es como si hubiera olvidado que ya te la había contado, y lo tuviera que volver a contar otra vez. Yo entendía perfectamente su situación, ¿quién no lo haría? Pero a lo que no estaba dispuesto es a que me repitiera cada día la misma cantinela, como en la mili cuando nos repetían una y otra vez como teníamos que hacer para cargar y descargar el Cetme. Te lo decían tantas veces, que al final, o no te interesaba, o lo olvidabas. Algo parecido me ocurre cuando entro en un avión y la azafata explica la historia de lo que hay que hacer en caso de emergencia. Lo he visto tantas veces, que el día que ocurra algo no voy a tener ni la más pajolera idea de qué hacer. Pues eso es justo lo que a mí me estaba ocurriendo con Alí, que al final te cansabas de escuchar todo el tiempo la misma historia, la de sus sueños por ir a Europa. Pero de eso hablaré después, ahora prefiero continuar con el relato. Como os decía, acababa de llegar. Tenía hambre por pintar. Me había hecho más de 1.800 kilómetros en dos días, con paso de frontera incluido, que si no es por ese detalle, me hago el viaje en un solo día. Y no es una machada, sé que puedo hacerlo. Me gusta conducir. Me gusta el silencio de la carretera, penetrar un paisaje y romperlo suavemente sin mas ruido que el de mi coche. Sin música. La música la dejo para la ciudad en la que la pongo a todo volumen, eso sí, con las ventanillas subidas, como corresponde, aunque anhele lo contrario, bajarlas, porque soy de los que opinan que de vez en cuando, al menos una vez al año, hay que hacer el hortera, bajar las ventanillas del coche y con la música de los Chunguitos a todo trapo atravesar las Ramblas de arriba abajo. O de abajo arriba. O de ambas maneras, aunque tampoco conviene atragantarse. El que no lo ha hecho no sabe lo que se pierde. Pero la policía marroquí, y la aduana, pesados como ellos solos sin necesidad de ayuda y sin certificado oficial que así lo acredite, porque en el libro de los Guinness aún no han puesto un capítulo para los "Plastas, Pelmas y Pesados", que si no se llevarían la palma, pues son capaces de retenerte en la frontera el mes de vacaciones, me lo impidió. Así que al llegar a la casa me vino bien relajarme, reírme un poco con lo que Alí me pudiera contar, que para mí, en ese momento, era como un bálsamo. Una especie de área de descanso antes de tirarse de nuevo al asfalto. Y empecé a preguntarle a Alí ese tipo de preguntas que haces por cortesía, de esas que aunque te importe un pepino lo que te respondan, te crees con la obligación de hacerlas. A mí me pasa a menudo, sobretodo cuando estoy con alguien con el que no me puedo comunicar porque habla un idioma distinto al mío. Ya sabéis que no sé hablar ningún idioma que no sea el español. Son situaciones en las que el silencio es espeso y quieres romperlo con cualquier estúpida pregunta. Para que os hagáis una idea es como cuando entráis en un ascensor con un vecino del que no sabéis ni como se llama, y entonces vas y le preguntas cualquier chorrada y él va y te contesta con otra-chorrada-monosilabo que se le ocurra. Lamentas haber abierto la boca. Pero al día siguiente caes en el mismo error. Con lo bonito que es el silencio si que nadie lo estropee abriendo la boca. Pero el silencio no es algo que se pueda compartir. Hay demasiada gente que no para de abrir la boca. Yo el primero. Y si pensaba que con Ali las risas estaban aseguradas, me equivocaba de cabo a rabo. Porque las risas a veces duran menos que las promesas de fin de año de dejar de fumar. Hay risas que son el preludio de una tormenta. Hay risas que es mejor no participar en ellas. Hay risas que es mejor no escuchar. Son lo que yo llamo las risas de la miseria. Se ven venir. Comienzan cuando el que las provoca lo hace de sí mismo. Al principio son tímidas, unas breves referencias a algún episodio en el que la falta de recursos o de medios pone al individuo en situaciones hilarantes. Pero después se van espesando, pierden ligereza y se hacen duras. Es el momento de marchar, de alegar que tienes sueño o que no puedes pasar un minuto más sin encender la televisión que no tienes. Invéntate algo, lo que sea, sino estás atrapado. Hay risas que son duras y no todo el mundo puede soportarlas. Alí tampoco soportaba las suyas, y las lágrimas, ya os lo he dicho, no tardaron en aparecer. Y cuando llueve cuesta mucho volver a secar el terreno. Sobretodo si llueve sobre mojado. En Marruecos hace mucho sol, pero el sol no seca la lluvia de las lágrimas que está en los corazones de la gente. Cuando Alí acababa con lo que él llamaba sus reflexiones, el problema era como recoger los restos de la tormenta. Tú podías hacerlo con una imaginaria escoba que barriera el polvo en el que te habías quedado hecho, pero los restos de Alí, valga la expresión, a nadie le importan una mierda. Y él lo sabe. Hay demasiada miseria. Demasiada. Nuestro mundo, no descubro nada nuevo, lo sabemos todos, no tiene nada que ver con el mundo que millones de personas tienen. Las cosas son como son y es difícil, muy difícil, provocar cambios que mejoren en algo la vida de las gentes. Así que lo que más lamento, como os decía antes, es no haber escrito cada día un poco de lo que me estaba pasando. No porque con ello pudiera cambiar nada, sino al menos como desahogo personal ante un problema que tú sabes que existe pero que nada puedes hacer por solucionarlo. Aún no me he marchado y ya me estoy arrepintiendo. Y eso que me gusta escribir, lo habéis visto en mi pintura, pero no puedo luchar contra los imponderables. La culpa, siempre hay que echarle la culpa a alguien cuando las cosas no salen como uno quiere, la tiene el ordenador. Es un ordenador portátil de mierda, uno de esos de teclado que llaman de plasma. Un auténtico coñazo. No consigo escribir dos letras sin equivocarme en tres y yo no tengo madera de sufridor. Nunca la he tenido ni pienso tenerla. A mí me gusta el teclado rápido, el mecánico, de esos de aporrear hasta que te duelan las yemas de los dedos. Así consigues la velocidad y la fluidez de lo que tu mente piensa o imagina. Soy un tipo nervioso, algunos dirían que algo hiperactivo, otros que un pelín estresado. Pero cuando escribo sé que voy a vomitar. Porque escribir es eso, vomitar. Como la pintura, en la que te sale todo de golpe o no te sale nada, mientras que con esta maldita máquina de los cojones todo es lento, interrumpido, cortado. Deberían prohibir los teclados de plasma, la gente escribiría más. Aunque quizás no sea demasiado conveniente. Bien, sigamos con Alí, que es lo que interesa. Lamento la interrupción, pero es que a veces hay cosas que me calientan, y lo del teclado mucho, porque sé que me ha impedido escribir una buena historia. Ansiaba hacerlo. Alí, aunque no lo parezca, tiene unos treinta y seis, treinta y siete años. Delgado como la mayoría de los marroquíes. De pelo negro y algo rizado, como cualquiera de ellos. Con bigote. ¿Qué árabe no lo tiene? No hay nada de especial en su fisonomía que sea digno de destacar. Si no fuera porque se le pueden contar las costillas cuando se queda en camiseta, y un pequeño defecto en su ojo izquierdo, que me hace pensar que terminará sin vista, pues una especie de nube le empieza a blanquear la retina, no lo distinguiría de ningún otro. Es el típico marroquí que uno ha visto mil veces en cualquier calle de Europa. Sin embargo, Alí, os lo puedo asegurar, es muy diferente. Es alguien especial. Y no es que yo ahora me encuentre con el síndrome de Estocolmo, o cualquier otra cosa por el estilo. No es eso. Alí piensa, ya os lo he dicho, reflexiona. Y pensar, en un país como Marruecos, no puede conducir a nada bueno, sobretodo cuando los pensamientos tienen un único y exclusivo fin, que es cómo salir de la miseria que te rodea un día sí y otro también. Le puedes estar dando todas las vueltas que quieras, pero no encuentras la solución. La miseria seguirá allí y la única solución posible, "El Paraíso", se llama Europa. ¿Alguien puede dudarlo? Pero Europa no está al alcance de cualquiera. Hay que tener dinero para cruzar el estrecho. Bueno, yo pienso que hay que tener dinero y cojones, porque aventurarse a meterse en una patera para cruzar el estrecho, o el Atlántico, con muchas posibilidades de acabar en el fondo del mar, no es cosa que sea fácil de hacer, y si además, el resultado es incierto, porque después de empeñarte tú, tu familia, tus amigos y la madre que te parió, te coge una patrullera y te devuelve a tu casa, ya me contarás la maldita gracia que te hace. La desesperación por el fracaso y por la deuda que has dejado pendiente, haría, pienso yo, que desearas la muerte. Y os puedo asegurar, y no porque sea un llorón, que a veces lo es, que Alí lo haría. Está razonablemente desesperado. ¿Quién no lo estaría en su lugar? Vive solo en una casa en la que trabaja como guardián y jardinero. Lo he visto trabajar todo el santo día, pues el jardín tiene varias hectáreas. Los que habéis estado aquí lo sabéis Su sueldo es de dos mil trescientos dirhams, unos doscientos euros al cambio, por lo que apenas le alcanza para fumar el tabaco que a diario se lleva a la boca. Vale que es su problema, pero cuéntaselo a un fumador, verás que te responde. A mí me han contado historias de nuestra guerra civil en las que un preso cogía la colilla que otro había tirado a las letrinas, la ponía a secar y le daba unas caladas. Lo sé porque soy fumador y me encuentro enganchado, para mi desgracia, a la nicotina. Yo también quiero dejarlo, pero eso me lo digo cada día, como hace él, y no lo consigo, como tampoco lo consigue él. Pero sigamos con el relato que me pierdo. Con lo que gana Alí, ya os lo he dicho, no le llega ni para pipas. Lo dice en árabe, pero estoy seguro que la traducción es esa. Podría decirlo en el idioma que quisiera, podría incluso estar callado, que su expresión le delataría. Y os puedo asegurar que no es la primera vez que alguien me llora. Hay, ya os lo he dicho, demasiada miseria. El año pasado, sin ir mas lejos, estuve en Etiopía, y aunque allí gran parte de la gente, sobretodo en el sur, aún visten con taparrabos, la verdad es que no tuve la sensación que ahora tengo. Viajaba como lo hago siempre, por mi cuenta, por mis propios medios, con una mochila en las espaldas y con un billete de avión en el bolsillo. Siempre lo he hecho así, y no voy a cambiar. Me considero un viajero, y no un turista. Me gusta viajar, pero ahora he descubierto que poco me diferencio del que metido en un autobús le llevan ni a donde el mismo sabe. Apenas arañamos, por mucho que lo pretendamos, la superficie de cualquier país. Porque una cosa es viajar con una cámara de fotos colgada al cuello, y otra muy distinta es sentarse en un sofá a las diez de la noche y estar hablando de los sueños que uno tiene hasta altas horas de la madrugada. Ese es otro tipo de viaje. Ahí no puedes tomar ninguna foto. El retrato te lo llevas en el alma. El sueño de Alí es venir a España.
Pero no tiene manera de hacerlo. Necesita que alguien le haga un contrato.
Aquí, en Marruecos, se trafica hasta con los contratos. Los de
España y los de Marruecos. Los de España porque se venden
a precios muy altos para quién este dispuesto y pueda pagarlos.
Ya sabéis, el que quiera puede meterse en ello. Se gana mucho dinero.
Es todo un negocio. La corrupción lo invade todo. Pero no solamente
los contratos para trabajar en España, también con los contratos
para trabajar en Marruecos. Da lo mismo la empresa, que sea oficial o
privada. Si quieres trabajar tienes que entregarle a alguien una fuerte
cantidad de dinero. El problema es que muchas veces el contrato es solo
para unos meses y una vez transcurridos los mismos, si quieres seguir
trabajando tienes que volver a pagar, y si no, hay muchos otros que están
esperando para hacerlo. Parece una novela o una película en blanco
y negro de los años cincuenta, pero no lo es. Es la realidad con
la que Alí se enfrenta cada día. Como él dice, está
harto de Marruecos ¿y quién no lo estaría en su caso? Y sin embargo, y pese a todo, no podía meterme en el coche el próximo fin de semana y marchame sin decirle a Alí claramente lo que pensaba. Y se lo dije: Alí, eres un llorón, deja de llorar. Al principio noté que su expresión le cambiaba algo. Luego me lo dijo. Le había dolido. Entonces empecé de nuevo a intentarle explicar que es lo que había querido decir. Y os aseguro que es difícil. Unos días antes había intentado explicarle lo que era un museo, y aún tengo la duda de que lo haya entendido. Mucho más la función o el sentido de la existencia de un lugar como ese. La comunicación era difícil y el destinatario poco menos que imposible. Que no conozca la existencia de los Beatles, me parece razonable, pero tenerle que explicar que los hombres descendemos del mono, es poco menos que una tarea titánica. Cuando lo hice, estuve imitando a un mono, dando saltos, media tarde, así que os podéis imaginar el dilema que tenía yo para explicarle que había querido decir con lo de que era un llorón. Entonces se me ocurrió de golpe. Pensé en Europa y en la cantidad de accidentes de tráfico que hay. Le dije como mucha gente se queda sin una pierna, o sin un brazo, o sin ambas cosas. Y que muchos de ellos se quedan en sus casas, lamentándose de su suerte, y otros, los menos, se apuntan a un gimnasio y cuatro años después ganan una medalla en los paralímpicos. Que no basta con lamentarse, que hay que hacer algo por si mismo, y que nadie, nadie, te va a solucionar tus problemas. Que esperar a que los demás lo hagan, es perder el tiempo, y que la responsabilidad empieza por uno mismo. Creo que me entendió, aunque nunca se sabe. Dos días después se me acercó y me dijo de nuevo que había reflexionado, pero esta vez para darme una buena noticia. Había pensado en casarse. Si digo que es buena, es porque esta cuestión había sido motivo de debate en muchas ocasiones y el hecho de que ahora pensara en casarse, significaba un cambio. Un importante cambio dentro de su estructura mental. Espero que lo haga. No sé si servirá de algo lo que os acabo de contar. A lo mejor, sin pretenderlo, hasta me he puesto un poco melodramático. Habrá algunos a los que incluso habré aburrido. No era mi intención. En realidad sé muy bien que lo que nosotros podamos hacer es muy poco, por no decir nada. Problemas hay en todas partes. Y en España un montón. Y no me refiero solamente a los de la alta política, sino a los laborales, a los de la vivienda, a los de la sanidad, a un sinfín de problemas que todos conocemos sobradamente porque todos conocemos a alguien que los sufre. Es evidente que en nuestro país no atan los perros con longaniza, ni es precisamente una maravilla la vida que nos hemos montado. Muchos renegamos y otros incluso la cambiaríamos por la que llevan ellos. O eso pensamos nosotros. Otra cosa es que lo hiciéramos. Pero se lo debo a Alí. Tengo una deuda con él, al menos para que lo tengáis tan claro como me lo ha dejado a mí, que cuando nos encontremos en nuestro país con alguien que es de fuera, un pobre desgraciado que ha dejado su casa, su familia y sus amigos, pensemos no en alguien que está rivalizando con nosotros por ganarse la vida, no en alguien que está sustrayéndonos algo que no le pertenece, sino en alguien que, como nosotros, quiere cumplir un sueño, el sueño de ser igual que cualquier otro, el sueño de buscar la prosperidad, el bienestar, la felicidad. Son los buscadores de sueños, son los buscadores del paraíso. El paraíso en el que nosotros, sin darnos cuenta, vivimos cada día. Se dice que los rifeños no conocen la
paciencia. Hoy creo que eso empieza a ser un mal general. Hace cuarenta
millones de años, como le decía a Alí, un mono, en
Africa, se bajó de un árbol porque estaba harto de comer
cada día de la misma rama, porque se le acabó la comida
de la rama o simplemente porque se quería estirar. ¡Que más
da! El caso es que se cansó, se bajó y se puso a andar.
Hoy, al igual que entonces, quién no se encuentra a gusto en un
sitio, me da igual por la razón que sea, buscará la solución
que haga falta, hará lo que haga falta y se echará a andar.
Buscan un sueño. Muchos no lo encuentran nunca. P.D.: Como os he dicho, este es el último e-mail que os envío. El próximo será para invitaros a la inauguración de pintura el 1 de Septiembre a las 19,00 horas, en la antigua Capilla del Hospital de Sant Sadurní d'Anoia. La exposición se titulará "Santos y Mártires". La he estado preparando durante algo más de un año. Es mi penitencia por haber estado en tierra de infieles. Regreso como un cruzado que no ha librado ninguna batalla pero que ha visto horizontes en donde el alma se te encoge. Me gustaría reencontrarme con todos vosotros, porque ha sido todo un placer teneros al otro lado de esta máquina. De nuevo un beso para todos. Visita mi web. Me he dado un curro tremendo para actualizarla y ponerla al día. Quién lo haga participará en un sorteo de un Ferrari Enzo de 12 cilindros de color rojo. Pero si ya tienes un coche de estas características y prefieres otra cosa, prometo incluirte en mi relación de amigos inquebrantables, de esos que prefieren hablar con uno antes que irse a la playa a perder del tiempo. Que os pongáis morenos, pero no tanto que no os pueda reconocer a la vuelta. De nuevo un beso. Con este van tres. Me cuesta despedirme. http://www.eleazar.es
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